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Los pastores de la música deben cambiar de estrategia

La protesta generalizada en Internet por la posibilidad de aprobar la Ley SOPA me ha hecho pensar en una taquillera película ochentera. “Footlose”. A pesar de que las familias de un pequeño poblado del oeste de EE.UU., liderados por su pastor trataban de evitar que los jóvenes escucharan Rock & Roll, tales restricciones no se sostenían en el tiempo. Tuvo que llegar Ren (Kevin Bacon), un joven de Chicago, para hacer explotar la olla de presión. Finalmente la pacata comunidad tuvo que aceptar que no era “ilegal” manifestarse en torno a la danza y escuchar música moderna.

Esta situación se ha repetido millones de veces en la historia de la humanidad y ha dado argumento a cientos de filmes. Y seguirá sucediendo. Un grupo de poder asustado por los cambios revolucionarios trata de volver atrás en vez de adaptarse a la situación. Cualquier restricción sólo funcionará por un tiempo.

Quienes hayan leído el clásico de Lawrence LessigCultura Libre“, podrán ver muchos ejemplos de este tipo, los cuales son bastante recurrentes en los últimos 50 años. Y se aceleran desde que miles de millones de personas se conectaron a Internet, intercambiando música, fotos, obras de arte, libros y cualquier tipo de producción hecha por el ser humano. Incluso, a veces son “transformadas” dándole un upgrade a la cultura… libre.

No estoy de acuerdo con la piratería de obras intelectuales. Trato en lo posible de comprar CDs, DVDs y Libros originales. E incluso bajar música por iTunes, Bazuca, Sonora o Mimix. Debo ser uno de los pocos “nerd” (como me dijo alguien por ahí) que siempre he comprado todas las versiones de Microsoft Office. Pero a pesar de eso, es imposible negar la realidad. Por mucho que la Industria discográfica y cinematográfica -desde que Metallica demandó a Napster en los ’90- ponga el grito en el aire y llene de restricciones, este es un camino sin vuelta atrás.

La pregunta clave para los “Pastores” de la propiedad intelectual es: ¿Cómo adapto mi negocio ahora? Y para ello, me voy a centrar sólo en ideas que tengo de cómo debería cambiar la industria discográfica.

Lo primero a clarificar es que la venta de música bajo soportes físicos ya casi no es un negocio. Incluso la venta bajo formatos digitales no es muy atractiva para todas las discográficas. En definitiva: La distribución de copias de canciones entusiasma cada vez menos.

Los sellos discográficos, al firmar una especie de contrato de exclusividad con los autores, compositores e intérpretes pasan a ser dueños de su imagen. O sea, en la mayoría de los casos, por ellos pasa la aprobación de conciertos, imagen publicitaria para terceros, programas de televisión, difusión, prensa y cualquier otra actividad de marketing referente a la “marca” del artista.

Según esto, podríamos dividir el negocio de las discográficas en 3 grandes grupos.

  1. Distribución y comercialización de obras musicales (CDs, Cassetes, MP3, on demand, etc.)
  2. Conciertos y recitales
  3. Manejo de la imagen “publicitaria” del artista.

En estos tres grupos, el artista también recibe beneficios monetarios. De hecho, deja en manos de terceros la comercialización de sus obras, para dedicarse a lo suyo: hacer o interpretar música. Gracias a las discográficas, muchos autores pueden proyectarse a nivel nacional e internacional (teniendo o no talento).

Obviamente, es la actividad Nº1 la que está en crisis. Y por mucho que la industria haga lobby para aprobar la ley SOPA, entre miles de acciones más, los usuarios de internet cada vez más intercambian música y no quieren pagar por tener una copia de una obra musical. Muchas veces incluso por ignorancia. Sienten “natural” bajar e intercambiar la música, para después reproducirla en cualquier parte.

Creo que esta crisis de la actividad Nº1 es un punto sin retorno. Por muchas restricciones que traten de poner, siempre aparecerá un grupo de jóvenes al estilo Footloose, tratando de escuchar Rock & Roll a escondidas, viajando a otro estado para bailar o simplemente, organizando una fiesta. La industria discográfica debe hacer como el Pastor del pueblo y asumir la pérdida, sacando las lecciones de cómo evangelizar utilizando otra estrategia. En el caso actual, de cómo rentabilizar utilizando otra estrategia.

Y para su alegría, aún quedan dos grupos de negocios. La imagen de marca y los conciertos en vivo. En Chile y en América Latina hemos sido testigos durante los últimos cinco años de una caravana de conciertos de músicos y bandas nuevas y algo más viejas. Basta con ver la cartelera de TicketMaster en Chile para darse cuenta. Entonces, la industria y sobretodo, los autores de forma independiente (a veces sin discográficas que medien en el contrato) ya están asumiendo que no sacan nada con darse cabezazos contra una inmensa pared de sitios para descargar música. Mejor rentabilizar su marca y sembrar de recitales el planeta.

Pero… Les tengo noticias…

No sólo tienen que hacer recitales físicos. Hay un mundo por descubrir en los conciertos en vivo a través de Internet. Youtube ya comenzó con esta modalidad hace más de un año. Y existen varias caraterísticas de esta modalidad que, con imaginación y una buena estrategia de marketing pueden ser rentables. Estas son:

  • Se puede llegar a millones de usuarios en todo el mundo cobrando por conectarse a un evento en vivo en específico. Este valor podría ser significativamente menor al de un concierto físico (Claro… tampoco es la misma sensación)
  • Una compañía e incluso los sellos discográficos pueden cobrar una membresía por ver una cierta cantidad  de eventos en vivo al mes.
  • Los costos en marketing digital para la promoción pueden llegar a ser mucho menores que los tradicionales.
  • Los costos implicados en este tipo de plataformas dicen relación con ciertas caraterísticas técnicas (servidores, banda ancha, etc.) que podrían ser bastante más económicos que la sumatoria de recursos que implica recitales en vivo.
  • La creatividad para realizar presentaciones en vivo pueden llegar a la luna. Se puede experimentar con tocatas en un garage, en la azotea de un edificio, en algún lugar histórico, en un parque nacional, etc.
  • La visualización de los recitales en vivo pueden restringirse a ciertas zonas geográficas, gracias a la detección de la IP de los usuarios (obviamente todo es hackeable).
  • La cantidad de dispositivos donde se podría ver el evento en vivo es sorprendente.
  • El aumento de Tablets, Smartphones y la banda ancha móvil permite que los usuarios puedan ver los eventos en vivo en cualquier parte y de forma individual. Lo que rentabiliza más aún el negocio.
  • La posibilidad de que un televisor se conecte a Internet se está masificando cada vez más. Desde tecnologías nuevas como SmartTV, hasta formas más simples como conectar un PC vía cable HDMI al televisor. Y la experiencia visual puede ser increíble.

Entonces la conclusión es lógica.

Consejo para la industria discográfica:

Dejar de gastar dinero, tiempo y malos ratos en insistir con leyes como SOPA y redefinir el negocio. Google ya adelantó algo con los eventos en vivo de Youtube. Es un indicio.

Además… si no lo hacen luego, aparecerán emprendedores que lo hagan por ustedes. O bien, los mismos artistas tomarán las riendas y lo realizarán. La venta de copias de obras musicales ya no es viable.

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