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Una ley que nació agonizando

fotoVER COLUMA ORIGINAL publicada en diario PULSO

Se ve muy “bonita” en los medios de comunicación, en las conversaciones y en los discursos, la frase “Chile tiene ley de televisión digital terrestre”, TDT (ojo, que el apellido es importante). O sea, la que no es pagada. Incluso, seguramente quienes hablan de este éxito en la legislación chilena puede que se ganen algunos puntos de popularidad.

Pero seamos claros, es una ley, que por muy vistosa que sea, nació agonizando. Y básicamente eso le pasó por estar tantos años en trámite, burocracia y debate. Finalmente cuando da a luz, el país, las tendencias tecnológicas y el mercado son otros. Incluso, los mismos canales de televisión nunca se han entusiasmado mucho, por los costos del cambio de tecnología.

Veámoslo en cifras. Un estudio reciente de Time Ibope revela que siete de cada diez chilenos tiene TV pagada (cable o satelital), correspondiente al 69,4% de la población. Hace una semanas, el  Consejo Latinoamericano de Publicidad en Multicanales (Lamac) proyectó que producto del Mundial de Fútbol de Brasil, habrá 240.000 nuevos suscriptores en Chile, elevando la tasa de penetración a 72% para el 2015.

Por otro lado, una gran parte de la población ve películas, series, videos e incluso programas de televisión por internet. Llámese banda ancha doméstica o conexión móvil. Para hacerse una idea, un 47,5% de los hogares en Chile tiene internet y los abonados a telefonía móvil llegan a un 138%. Además, hay otro factor importante. La programación de la televisión abierta no está muy acorde con el gusto de niños y jóvenes. Pregúntenle a alguien entre ocho y 18 años si ve televisión abierta, incluso en sectores de más escasos recursos. La mayoría de las respuestas serán negativas.

En definitiva, mientras se discutía qué norma usaríamos y cómo sería la ley al respecto, a la TDT comenzó a salirle barba y barriga. Y cuando ya está todo aprobado por la legislación chilena, ya está encorvada, canosa y se siente algo obsoleta.

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