Nuevamente me insisten que porque no subo fotos de mis hijos y familia en Facebook.
Simple: Mi cuenta de Facebook es personal, no familiar. No quiero entregarle tan luego la vida, gustos y detalles de mi familia a Mark Zuckerberg. Por qué es tan difícil que lo entiendan.
Me dice que soy casi un extraterrestre porque no lo hago “Bueno amigo”-le respondo: “No necesito mostrar los bonitos que (creo) que son. Basta con que yo lo sepa”. // Me dice que soy un amargado. Le respondo: “Para nada. ¿Amargado porque no hago lo que hacen todos? Muestro fotos de mis hijos de forma privada. No me interesa exhibirlos como en un zoológico virtual”. // Me dice que debería haber vivido en la época hippie, que me encanta dármelas de “antisistémico”. Le respondo que justo nací el 73, por lo tanto, nací en la época hippie. Que sí soy medio antisistémico a veces. Pero… a veces. Y soy feliz. // Me dice que no hay caso conmigo. Le respondo que me encantaría invitarlo a la casa para que conociera a mis hijos. // Me dice que por mientras podría subir unas fotos de ellos a Facebook. Le respondo: “cambio y fuera”.

Está a punto de extinguirse uno de los dinosaurios de la Web. Y yo, como buen cavernícola, que lleva más de 12 años conectado, lo conocí desde que era un huevito. Un día se rompió el cascarón y salió un sistema en el cual se podían crear páginas web personales. Esas en que uno ponía un fondo negro y varios elementos dispersos. Esas que, con orgullo, incluian un contador de visitas, producto de dos días luchando con el HTML. Esas que tenían como tres GIF animados (cual más tosco que el otro) y a veces, una música en MIDI que mareaba a los 10 segundos. Esas que parecían un foro. Esas que se basaban en el FTP. Esas que no podían funcionar sin una página principal que dijera “Index”. Esas que requerían de saber hacer tablas en HTML para insertar fotos y luego ¡Crear una Galería! Esas que tenían diferentes tipografías, de varios tamaños y generalmente (como lo dije) con un fondo negro.






