Daniel Fajardo

Sociedad en Red – Periodismo Digital

Una ley que nació agonizando

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Se ve muy “bonita” en los medios de comunicación, en las conversaciones y en los discursos, la frase “Chile tiene ley de televisión digital terrestre”, TDT (ojo, que el apellido es importante). O sea, la que no es pagada. Incluso, seguramente quienes hablan de este éxito en la legislación chilena puede que se ganen algunos puntos de popularidad.

Pero seamos claros, es una ley, que por muy vistosa que sea, nació agonizando. Y básicamente eso le pasó por estar tantos años en trámite, burocracia y debate. Finalmente cuando da a luz, el país, las tendencias tecnológicas y el mercado son otros. Incluso, los mismos canales de televisión nunca se han entusiasmado mucho, por los costos del cambio de tecnología.

Veámoslo en cifras. Un estudio reciente de Time Ibope revela que siete de cada diez chilenos tiene TV pagada (cable o satelital), correspondiente al 69,4% de la población. Hace una semanas, el  Consejo Latinoamericano de Publicidad en Multicanales (Lamac) proyectó que producto del Mundial de Fútbol de Brasil, habrá 240.000 nuevos suscriptores en Chile, elevando la tasa de penetración a 72% para el 2015.

Por otro lado, una gran parte de la población ve películas, series, videos e incluso programas de televisión por internet. Llámese banda ancha doméstica o conexión móvil. Para hacerse una idea, un 47,5% de los hogares en Chile tiene internet y los abonados a telefonía móvil llegan a un 138%. Además, hay otro factor importante. La programación de la televisión abierta no está muy acorde con el gusto de niños y jóvenes. Pregúntenle a alguien entre ocho y 18 años si ve televisión abierta, incluso en sectores de más escasos recursos. La mayoría de las respuestas serán negativas.

En definitiva, mientras se discutía qué norma usaríamos y cómo sería la ley al respecto, a la TDT comenzó a salirle barba y barriga. Y cuando ya está todo aprobado por la legislación chilena, ya está encorvada, canosa y se siente algo obsoleta.

Agenda digital, la saga continúa

bachelet-discurso-300x300La palabra “tecnología” fue nombrada solo en tres ocasiones por la Presidenta Michelle Bachelet en su reciente mensaje presidencial del 21 de Mayo. En todo caso, tuvo mejor suerte que “digital”, con solo dos menciones, e “internet”, término que estuvo absolutamente ausente del texto. ¿Será esto un antecedente de la importancia del tema tecnológico dentro de los próximos cuatro años o simplemente que, tomando en cuenta el alto nivel de tecnologización de Chile, no hay mucho más que hacer?

Lo importante es darle al gobierno de la Nueva Mayoría el beneficio de la duda al respecto y esperar a ver qué pasa. Especialmente en un país que tiene las mejores tasas de conectividad, de penetración de smartphones, de velocidad de internet, de usuarios de redes sociales y de computadores per cápita de Latinoamérica.

Lo que sí llama mucho la atención es que en el capítulo acerca de la Agenda de Productividad, Innovación y Crecimiento se menciona que “diseñaremos una Agenda Digital para masificar las tecnologías de la información en las micro, pequeñas y medianas empresas”.

El concepto de “Agenda Digital” ha sido mencionado, manoseado, actualizado e interpretado desde hace más de diez años. Todo comenzó con la Agenda Digital 2003-2005, elaborada bajo el gobierno de Ricardo Lagos. Se creó un comité púbico-privado y se nombró un coordinador, que fue el subsecretario de Economía, Álvaro Díaz. El cargo era, de alguna forma, una herencia de otro comité liderado anteriormente por Claudio Orrego. Años después, durante su primer período, Bachelet instauró la Estrategia Digital 2007-2012, al mando de Alejandro Barros. Más tarde cambiaría de nombre a “Desarrollo Digital”, para comenzar a diluirse en los primeros años de la Presidencia de Sebastián Piñera. Y en mayo de 2013, el gobierno de la Alianza lanzó la “Agenda Digital Imagina Chile 2013-2020”.

Hace cinco días atrás, escuchamos de nuevo el concepto “Agenda Digital” en el edificio del Congreso Nacional… La saga continúa.

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Start-Up Chile 2.0

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sup_chile_week_270Es difícil no reconocer el aporte que ha logrado la iniciativa Start-Up Chile a nivel nacional e internacional.

No sólo consiguió fomentar y crear un relato acerca de la importancia de los emprendedores y el financiamiento de sus proyectos como una fórmula hacia el desarrollo. Puso además a nuestro país en el mapa de los inversionistas y las ideas.

La entidad, dependiente de Corfo, generó una serie de “efectos secundarios” virtuosos en el ánimo de la mentalidad emprendedora versus la que prefiere tomar pocos riesgos. Pero, no cabe duda que Start-Up Chile es un ícono del gobierno de Sebastián Piñera. Tiene aroma a su estilo de “hacer” y después “analizar”.

Desde hace meses el mundo de la innovación y el emprendimiento se hace la siguiente pregunta: ¿y qué va a pasar con Start-Up Chile cuando asuma Michelle Bachelet? La Presidenta electa y su coalición tienen una orientación política más ligada a la innovación y el desarrollo (I+D) que al emprendimiento puro. Era cosa de escuchar a José Miguel Benavente, su asesor en esta materia durante la campaña, para darse cuenta que de no iba por un camino similar a la entidad actualmente timoneada por Horacio Melo y, en parte, por Hernán Cheyre. Será difícil también para la Nueva Mayoría hacer un “borrón y cuenta nueva”. Las redes internacionales e imagen que ha creado Start-Up Chile son fuertes. Incluso, la iniciativa fue destacada como un caso de éxito en un reciente informe sobre innovación del Banco Mundial.

Quizá el mejor camino de Bachelet sea mantener esta entidad, pero darle un “upgrade” más analítico. Donde podamos ver cuáles han sido sus verdaderos efectos en el desarrollo. Cuáles han sido sus resultados concretos a nivel macro. Sacar ganancias del entusiasmo inicial, logrando una mayor profesionalización y profundización de su metodología. En definitiva: un Start-Up Chile 2.0.

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¿Qué pensará Metallica?

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El servicio de música online Spotify llenó varios espacios en los medios la semana pasada. Esta compañía, que supera los 25 millones de usuarios, anunció la gratuidad de su servicio ilimitado, que hasta el momento costaba US$10 mensuales.

Eso sí (siempre hay un “pero”), los usuarios deberán aguantar publicidad mientras escuchan música. O sea… como una radio. El anuncio se da poco después que la empresa lograra conseguir alrededor de US$250 millones en su última ronda de inversión. Otro factor es el lanzamiento de Beats, una prometedora competencia de Spotify. Rápidamente Rdio anunció también que su servicio ilimitado será sin costo. Aún otros actores como Deezer, Grooveshark , Pandora o incluso iTunes no se pronuncian. Lo más posible es que el primero lo haga muy luego.

Este movimiento en el mercado del entretenimiento musical en línea no es menor. Internet tiene un largo historial y bizantinas batallas en cuanto a las plataformas orientadas a la música. Tanto en servicios de descarga como en plataformas de streaming. Recordemos la era 1.0, con Napster como el “jovencito de la película” y Metallica más los sellos discográficos, como los enemigos implacables. Luego aparecieron servicios más sofisticados como Kazaa o Grokster. Luego de una guerra judicial descarnada, la industria discográfica se dio cuenta de que no podía luchar con la evolución y  comenzó a apoyar sistemas como iTunes, Last FM y los actuales servicios de streaming. Siempre y cuando, hubiera alguna retribución económica a todos los actores (lo que me parece lógico).

¿Qué pensará Metallica de lo que pasa actualmente? ¿Se abrirá otro capítulo en esta historia? Lo anunciado por Spotify es potentísimo. Especialmente si pensamos que en la actualidad, cientos de millones de personas tienen conexión permanente a internet con sus smartphones.

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CES: mala estrategia de marketing

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Relojes inteligentes, dispositivos vestibles, ultrabooks, smartphones, tablets, pantallas curvas, un cepillo de dientes inteligente, cámaras, más smartphones, más tablets… Suma y sigue.

Decenas de lanzamientos se realizaron la semana pasada en la CES 2014, la feria de tecnología orientada al consumo masivo más importante del planeta. ¿Y hubo alguna presentación de un producto Apple? Ninguno. ¿Extraño no? Tomando en consideración que los iPhone y iPad, entre otros equipos, también llegan al usuario final. Más aún ahora, luego del lanzamiento del 5C o “iPhone de bajo costo”.

El tema es que la empresa de la manzana mordida no participa de la CES. Independiente de cuáles sean sus razones, me parece una decisión acertada, tomando en cuenta que es tal la cantidad de equipos que se lanzan durante una semana en Las Vegas (EEUU), que es imposible para los medios cubrirlos todos. Y para un lector, conocerlos.

Tanto los periodistas como los lectores deben hacer una selección de lo más destacado o relevante, según diversos parámetros. Finalmente, los dispositivos seleccionados tendrán una mayor posibilidad de visualización. Esto, obviamente, independiente de la estrategia de publicidad y de marketing que realicen después los competidores.

Es por esto que la CES es una pésima estrategia de marketing para lanzar nuevos productos. Hay tanto ruido, tantas luces, tanta información, que finalmente la mayoría de los equipos y sus bondades se diluyen. Entiendo que para muchas compañías tech es difícil saltarse esta “cumbre tecnológica”, pero quizá es mucho más eficiente y efectivo realizar lanzamientos en otra fecha, para así abarcar y capturar más la atención de los medios.

Finalmente, la CES se transforma en un deslumbrante Barrio Meiggs. Pero en Las Vegas.

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Internet… ¿de las cosas?

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La tecnología tiene su propio mundial de fútbol.

Es anual, ocurre en enero, y la única ciudad sede es La Vegas, en el estado de Nevada, en Estados Unidos. Se trata del Consumer Electronics Show (CES), el que comienza esta semana y que concita la atención de prácticamente toda la industria tecnológica masiva del planeta.

Los equipos son las marcas. Los entrenadores están representados por los altos ejecutivos de compañías como Sony, Cisco, Intel y Samsung, por nombrar solo algunas de las más conocidas. Pero los jugadores son definitivamente los productos. Esos gadgets (“chiches”, dicho en chileno) que muestran su desempeño en el césped, sus diferentes técnicas y características más vistosas. Pero, sobre todo, sus proyecciones para un juego de 365 días de duración y en una cancha fundamental: el mercado.

Sin embargo en esta versión hay un aroma distinto. Un concepto que comenzó como un pequeño y vigoroso insecto a revolotear durante 2012 y que agarró fuerza en 2013. Y ahora ya se presenta como un enjambre organizado que promete meterse en diferentes huecos de nuestra vida cotidiana: se llama “el internet de las cosas”.

Sacando lo poético y/o marketero que pudiese sonar el concepto, el término se refiere a cómo diferentes equipos conectados conversan entre sí para hacerles la vida más cómoda a los humanos. Sí, es verdad… llevamos 15 años hablando de lo mismo y prometiendo una casa o un auto inteligente a un precio de clase media. Pero, al parecer, esta vez ya se está consiguiendo. Un antecedente: el planeta se llenó de “teléfonos inteligentes” en menos de dos años.

Seguramente esta semana podremos quedar boquiabiertos con algunos de los mejores jugadores y planteles de este mundial tech en la capital del juego.

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